obituario – Mª Ángeles urgoiti

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Llevo semanas oyendo esta canción en bucle. Desde que supe que estabas en el hospital. Me recuerda a ti, aunque nunca hayamos hablado de Sílvia Pérez Cruz. Y es extraño, porque cuando estaba contigo siempre hablábamos de música y ella es una de mis cantantes favoritas y yo me llevé a tus nietas a un concierto suyo en el Circo Price hace ya algunos años.

No sé bien por qué se me ocurrió llevarlas a aquel concierto pero quiero pensar que les gustó. De reojo, vi correr alguna lágrima por la mejilla de Sarah cuando cantó «L’Hymne à l’amour» de Edith Piaf, así que imagino que sí, que supieron identificar en su música esa España culta, versátil y polifacética, alejada de los clichés y que busca el diálogo desde el arte. Esa España que a ti te gustaba y defendías, y que tú sabías identificar en lugares que muy poca gente es capaz de ubicar.

Quise mandarte esta canción por WhatsApp, con la traducción de la letra, pero pensé que estarías cansada, que ya apenas atenderías al teléfono y que mi mensaje se acumularía en la lista de los No leídos. Que al fin y al cabo, tenías tanta familia y gente más cercana que yo pendiente de ti que no darías abasto. Que te iba a agobiar. Qué tonta. Cómo pude pensar eso. Si nadie ha tenido una mente tan preclara como tú hasta el último momento. Ahora sé que me hubieses contestado. Cómo no me ibas a contestar a una habanera con esos arreglos de violín y esa voz.  Sé que te hubiese encantado. Y esa letra hermosa. «Si pudiese hacerme escama y esconderme en la playa». En una playa vasca, observando el movimiento de las olas, oyendo voces infantiles de fondo y repasando tus recuerdos. Tantos recuerdos de una vida tan intensamente vivida. Así te imagino cuando oigo esta canción. Con la grandeza de quien elige ser pequeña porque no necesita ni la validación ni el reconocimiento externo. Porque se sabe segura y firme en sus valores y observa el mundo desde la confianza y la curiosidad. Siempre con corazón de niño, como era tu lema. 

El viernes, cuando estábamos comiendo en casa de Jose María y Lucía, no había playa, pero yo te imaginaba igual de pequeñita, camuflada en el jardín, en forma de semilla que empieza a brotar y que nos observaba allí, comiendo, bebiendo, riendo. Como a ti te gustaba vernos. Hiciste de tu casa un espacio de acogida y familia, donde las únicas monedas de cambio eran la alegría y el respeto. Jose y Lucía continúan con tu legado y sigue habiendo familia y amigos alrededor de la mesa, y niños jugando en el jardín, como los ha habido siempre, desde que Pepe y tú aterrizasteis en aquella parcela, entonces baldía. Quién iba a imaginar todo lo que habéis hecho crecer sobre ese suelo arcilloso que te sacaba de tus casillas. 

Me cuesta mucho hablar de ti en pasado. Supongo que porque no te has ido. Nos has dado tanto que ahora nos va a costar hacer el inventario. Echaremos de menos tus largas llamadas telefónicas en las que siempre descubríamos un autor, un libro, una historia. Echaremos de menos tu voz firme y dulce, reconfortándonos cuando las cosas parecían tambalearse encima de un platillo chino. Escucharemos a Bach y pensaremos en ti. Veremos los lirios del jardín y sabremos que sigues viviendo en ellos. El árbol del amor de la calle del Parque 45 nos saludará de tu parte.

Seguiremos caminando por este mundo cada día más raro y todo será un poco menos feo gracias a ti, que nos has enseñado a buscar la libertad y la belleza allá donde estemos. Como dice María, has sido un faro. Y a veces los faros se apagan. Y cuando los barcos necesitan una guía, vuelven a encenderse. Sé que tú nos seguirás alumbrando, como has hecho siempre. Aunque ahora hayas tenido que irte, vestida de noche.

Vestida de nit

Pinto les notes d’una havanera
Blava com l’aigua d’un mar antic
Blanca d’escuma, dolça com l’aire
Gris de gavines, daurada d’imatges
Vestida de nit

Miro el paisatge, cerco paraules
Que omplin els versos sense neguit
Els pins m’abracen, sento com callen
El vent s’emporta tot l’horitzó

Si pogués fer-me escata
I amagar-me a la platja
Per sentir sons i tardes del passat
D’aquest món d’enyorança
Amor i calma, perfumat de lluna, foc i rom

Si pogués enfilar-me a l’onada més alta
I guarnir de palmeres el record
Escampant amb canyella totes les cales
I amb petxines fer-lis un bressol

Els vells em parlen plens de tendresa
D’hores viscudes amb emoció
Joves encara, forts i valents
Prínceps de xarxa, herois de tempesta
Amics del bon temps

Els ulls inventen noves històries
Vaixells que tornen d’un lloc de sol
Porten tonades enamorades
Dones i Pàtria, veles i flors

Si pogués fer-me escata
I amagar-me a la platja
Per sentir sons i tardes del passat
D’aquest món d’enyorança
Amor i calma, perfumat de lluna, foc i rom

Si pogués enfilar-me a l’onada més alta
I guarnir de palmeres el record
Escampant amb canyella totes les cales
I amb petxines fer-lis un bressol

Vestida de noche

Pinto las notas de una habanera
Azul como el agua de un mar antiguo
Blanca de espuma, dulce como el aire
Gris de gaviotas, dorada de imágenes
Vestida de noche

Miro el paisaje, busco palabras
Que llenen los versos sin inquietud
Los pinos me abrazan, siento cómo callan
El viento se lleva todo el horizonte

Si pudiera hacerme escama
Y esconderme en la playa
Para sentir sonidos y tardes del pasado
De este mundo de añoranza
Amor y calma, perfumado de luna, fuego y ron

Si pudiera subirme a la ola más alta
Y adornar de palmeras el recuerdo
Esparciendo con canela todas las calas
Y con conchas hacerles una cuna

Los viejos me hablan llenos de ternura
De horas vividas con emoción
Aún jóvenes, fuertes y valientes
Príncipes de red, héroes de tormenta
Amigos del buen tiempo

Los ojos inventan nuevas historias
Barcos que vuelven de un lugar de sol
Traen tonadas enamoradas
Mujeres y patria, velas y flores

Si pudiera hacerme escama
Y esconderme en la playa
Para sentir sonidos y tardes del pasado
De este mundo de añoranza
Amor y calma, perfumado de luna, fuego y ron

Si pudiera subirme a la ola más alta
Y adornar de palmeras el recuerdo
Esparciendo con canela todas las calas
Y con conchas hacerles una cuna

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