Ejercicio realizado tras la tercera sesión del taller Narrativa y cuidado infantil, con Silvia Nanclares. Taller online organizado por el Centro Municipal de Igualdad del Ayuntamiento de Valladolid.
Propuesta
Tomando como punto de partida la obra Siamesa, de María Ramos, escribir desde el cuerpo, mirando la creación desde la parte más física. Intentar hacerlo desde la poesía o con un formato lo más cercano posible al verso.
Resultado
Vi hojas secas en enero.
Salieron de mi vientre,
resbalaron por mis piernas.
Las empapó la lluvia.
Las dejé ir
porque era invierno.
Seguí el camino que ella tomaba;
nunca supe cuál era.
Como el zapato dentro de su huella,
nada volvió a su sitio.
Como ella,
yo solo podía ir hacia adelante.
El frío llenaba todo,
lo había llenado mucho antes.
Había llenado conductos y dolores,
cada parte del cuerpo,
cada instrumento,
cada corazón presente.
Solo ella no era confusión,
solo ella era sangre y calor
y realidad
y amor
y su voz se imponía a la desazón y al fracaso.
Su voz que todo lo podía.
Reptil blanco trepando por mí
en busca de alimento.
Animal certero.
La única verdad absoluta
en medio del caos y la mediocridad.
Y luego, el alba.
La luz.
El silencio.
Y luego ella y yo y la nada.
Y luego el miedo.
Y el dolor.
La alegría más grande.
La belleza.
Y el dolor.
No te muevas, no llores,
no falles.
No te quejes.
Solo ella no era confusión,
solo ella era el sentido,
y la bondad,
y la paz,
y el conocimiento que vencería a la ansiedad y a la asfixia.
Vi hojas secas en enero.
Salieron de mi vientre,
resbalaron por mis piernas.
Y me convertí en jergón,
en la mitad del invierno.
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