Autobiografía de los cuidados

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Ejercicio realizado en la primera sesión del taller Narrativa y cuidado infantil, con Silvia Nanclares. Taller online organizado por el Centro Municipal de Igualdad del Ayuntamiento de Valladolid.

Propuesta

Tomando como referencia la Autobiografía de Gloria Fuertes, desarrollar una autobiografía basada en quién y cómo se han llevado a cabo los cuidados en nuestra propia vida, hasta el momento actual.

Resultado

La pequeña Soriano nació en Valencia.
Tenía que llegar en verano
pero se le hizo otoño y llegó de culo.
Por eso las únicas que la esperaron
fueron su madre, por los dolores,
y la matrona, por la sutura.
Su padre se tomó muy mal la falta de puntualidad.
Su abuela se presentó en el hospital
y le regaló su nombre: Consuelo.

La nueva Consuelo había tardado tanto
que, el día que llegó a casa,
no quedaba habitación para ella.
Sus tíos le dejaron un cuarto en el piso de arriba
y allí aprendió a reírse, a pintar y a comer espinacas.

Los veranos los pasaba orbitando alrededor de un olmo
en el que vivía la abuela más alta del mundo,
que soñaba con estirarse hasta tocar el cielo.
Por ser tan ambiciosa, se cayó de la escalera
y se le rompió la memoria.
Tuve yo que ayudarle a juntar los trocitos.
Le enseñé a andar y a hablar
y juntas aprendimos a leer, a escribir
y a guardar bien los recuerdos,
para que nunca, nunca, se nos escapasen.

Pasaba mis días leyendo y dibujando
hasta que las pilas de libros y cuadernos
me impidieron dormir estirada en la cama
y tuve que buscar una habitación más grande.

La encontré en una casa amarilla con ventanales azules,
al lado de un cementerio.
Los muertos eran buenos vecinos
y me preparaban quiches y me traían cerveza.
Pero los vivos me requerían y tuve que mudarme.
Tanto me requirieron que me crecieron dentro dos más;
la verdad, no sé ni cómo,
porque yo andaba muy ocupada
pensando en mis cosas cuando les dio por nacerse.

Ahora vivo en el campo,
ya empiezo a tener más muertos que vivos
y me ha salido debajo de la mesa un perro miedoso
que solo quiere estar conmigo o con las ratas.
El olivo del patio me obliga a trabajar
y a aprender de aliños y estaciones,
y las calas se ríen de mí,
porque dicen que nunca seré tan elegante como ellas.
Y tienen razón.
Pero es que yo ya solo quiero sentarme al sol,
abrir una botella de vino,
y esperar a que lleguen mis amigas.

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Mi trabajo me obliga a observar y a analizar los comportamientos de las personas. Ver, oír y anotar. Normalmente, lo hago hacia fuera. Este blog nace como resultado de hacerlo hacia adentro.

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